LA ESCUELA
EL ORIGEN DEL NOMBRE
¿Por qué Restaurando Memorias?
El nombre Restaurando Memorias nace muchos años atrás, en un ámbito que, aunque diferente en forma, está profundamente conectado en esencia: la restauración de obras de arte.
Mientras me formaba como restauradora, la pasión y el respeto por esa tarea se instalaron en mí, y así lo describía en aquellos años:
“Entrar en el alma del cuadro y del artista es un verdadero privilegio. Poder quitar capa a capa aquello que en restauración se llama la pátina del tiempo: esa capa oscura y densa que se forma a través de los años y de su historia, y que va opacando el brillo original y los colores verdaderos que eligió el artista tiempo atrás.
Sanar esas heridas que pudieron resultar de golpes o maltratos, reintegrar los fragmentos perdidos y devolverle a la obra todo su esplendor y su valor.”
La metáfora del alma
Así como una pintura atraviesa el paso del tiempo, cada alma recorre un camino de experiencias que la van marcando, moldeando y enriqueciendo, pero también oscureciendo, opacando su brillo original.
Va perdiendo y desdibujando sus memorias, hasta casi, olvidar esa esencia de luz Divina que Es.
En ese recorrido, igual que una obra de arte, el alma va acumulando capas: aprendizajes, vivencias, dolores, protecciones. Algunas de esas capas cumplen una función en determinado momento, pero con el tiempo pueden volverse densas, rígidas y alejarnos de nuestra esencia.
Todos somos parte de la Luz Divina. Nuestra esencia es un fragmento único que, al interactuar con otros, va creando su particularidad. Sin embargo, en ese camino, muchas veces olvidamos quiénes somos en verdad.
Restaurar memorias es…
… es volver a Ser.
Es retirar capa a capa los escudos y corazas, que fuimos creando como protección pero que ya no sirven.
Restaurar las memorias es Sanar también esas heridas aún abiertas.
Es también recuperar y reintegrar esas partes perdidas en golpes y dolores.
Es recordar tu origen y tu esencia, para mostrar tus colores verdaderos y poder brillar más.
Así como el antiguo barniz fue colocado para proteger una obra y con el tiempo terminó opacándola, muchas de nuestras defensas internas necesitan hoy ser revisadas, comprendidas y liberadas.
Patricia Casidis.
La Escuela Restaurando Memorias nace del recorrido personal y profesional de Patricia Casidis, terapeuta en regresiones y acompañante de procesos de consciencia.
La Escuela nace como expresión colectiva de un camino personal profundo y vivido, y se proyecta hoy como un espacio de formación, encuentro y expansión de la consciencia, integrando y honrando todo el recorrido previo del proyecto.
Conocé más sobre el recorrido personal en patriciacasidis.com
“Alma en misión, al servicio de la expansión de consciencia.”
La creadora de este proyecto
Patricia Casidis
Nací en Buenos Aires, Argentina, ciudad en la que aún resido, en octubre de 1969.
Desde niña fui mas bien callada, observadora. Tranquila pero obstinada. Me costaba mucho comprender y asimilar las injusticias sobre todo lo que tuviera que ver con las desigualdades. Instintivamente reaccionaba en defensa de lo que creía justo.
Mi cabeza siempre estaba llena de preguntas. Tuve mucho interés desde los primeros años por los temas trascendentes, la vida, la muerte, las religiones.
Mis padres, aunque no lo practicaban, eran de familias católicas pero decidieron no bautizarnos a mis hermanos y a mí, para no predisponernos a ninguna religión y que cada uno eligiera. Recuerdo cuando todos mis amigos iban a catecismo, tomaban la comunión, se confirmaban me sentía un poco extraña, como «afuera» lo cierto es que esto me generó más deseos de conocer y entender.
Siempre tuve esa sensación de ser «visita» y aunque en ese tiempo no lo comprendía, observaba tratando de encontrar el sentido a estar aquí, lo qué vine a hacer, MI SIGNIFICADO.
Si bien antes trataba de sentirme parte del mundo, buscando mimetizarme, lo cierto es que de manera intermitente volvía a mis deseos, a mis búsquedas y a mi forma de ver.
Sufrí las grandes pérdidas familiares tal vez muy temprano en mi vida, y esto sin duda definió una forma de ver y entender diferente a la de mis pares. A los 7 años mi madre me acercó al mundo de la danza, mi primer pasión… Hasta pasados los 20 años, principalmente la danza clásica, fue protagonista en mi vida. Luego las prioridades cambiaron y con cierto dolor tomé distancia.
Mi alejamiento de la danza dejó un vacío que el Universo se ocupó de llenar, trayéndome nuevos intereses y pasiones…La restauración de obras de arte, fue la siguiente…Descubro esta profesión en una charla casual con mi padre, quien era pintor y dibujante. Al momento de escuchar de qué se trataba, se encendió una nueva chispa y supe que era perfecto para mí…Entrar en el alma del cuadro y del artista lo sentía un privilegio. Poder quitar ese velo, que en Conservación se le llama «LA PÁTINA DEL TEMPO»… esa capa oscura, densa, que se forma a través de los años y de su historia, que va opacando el brillo original, los colores verdaderos, esos que eligió el artista tiempo atrás. Sanar esas «heridas» que pudieron resultar de golpes, maltratos y poder recuperarle todo su esplendor y su valor.
Así me formé como restauradora..
Inmediatamente, sentí deseos de aprender más. Para restaurar el esplendor de una obra debía también comprender y conocer cómo se realiza y sobre todo, como se siente crear una obra. Entonces decidí estudiar el profesorado de pintura para ayudarme a entender mejor el alma de los cuadros….y allí fui, a la Escuela Nacional de Bellas Artes donde años atrás se había formado mi padre.
Si bien mis áreas de estudio siempre estuvieron ligadas al arte, tuve diferentes intereses y actividades que se fueron entrelazando. Danzas, pintura, restauración, más tarde me volqué plenamente a la espiritualidad, yoga, registros akáshicos, y me formé como terapeuta en regresión. Anteriormente tuve diversos trabajos en diversos rubros, algunos relacionados al arte y otros no. Inmobiliaria, seguros, museo, galería de arte. También con mi hermana iniciamos un emprendimiento de juegos didácticos, principalmente Rompecabezas. ¡Adorables!
En medio de todo esto, me case, tuve dos preciosos hijos y me divorcié de su padre cuando mi hijo menor tenía un año. Hoy tienen 19 y 16 años y son sin duda, el mejor regalo.
La muerte temprana de mi madre al cumplir mis 10 años, su enfermedad y su ausencia en todo mi camino, fue una de las vivencias más duras. Sin embargo, aprendí que los niños tienen una enorme capacidad de adaptación. Aunque una situación pueda resultar muy difícil e incomprensible, el niño se adapta, tal vez porque no cuestiona lo que sucede, simplemente lo recibe y hace con eso lo mejor que puede. Y así fue…Años después, la muerte de mi padre a mis 27, fue un momento de quiebre. Tal vez por haber vivido otras pérdidas tan cercanas, o porque los adultos somos más complejos que los niños para atravesar las dificultades, lo cierto es que… ME ENOJÉ.
Para mi nivel de consciencia en aquel momento y «en mi esquema de lo que era justo» esta pérdida no encajaba. En ese momento dejé a un costado la espiritualidad. Pasé a vivir varios años en piloto automático, dolida, enojada y desconectada.Finalmente como aquello que debe ser… ES, después de desoír muchas veces el llamado, finalmente, «fui impulsada» a volver a mi camino…Perdí trabajo. Mi casa sin terminar, una relación que acabó abruptamente… y en ese momento sentí que el mundo se detenía…. y se detuvo… para que vuelva a mí!
Profundamente agradecida hoy con mis guías, Maestros, el Universo, Dios, con la vida, con esta existencia maravillosa y Perfecta.
Volver a mi camino fue primero que nada, trabajar en mí, hacerme consciente, reencontrarme, reconocerme.
Finalmente, cuando pude despojarme de esa necesidad de ser y actuar como el resto y me permití ser y hacer aquello que sintiera, por fin fui libre…
La tarea que hoy realizo es la de acompañar el cambio de consciencia que estamos atravesando aportando mis herramientas, mi experiencia y recorrido, uniendo todo lo que fui y lo que soy.
"Cuando somos capaces de conocernos a nosotros mismos, rara vez nos equivocamos sobre nuestro destino."
Madame de Staël
Nacimiento de la Escuela
Evolución del proyecto y nacimiento de la Escuela
El proyecto Restaurando Memorias comienza su camino a través del acompañamiento individual, sosteniendo procesos personales de sanación y consciencia, y compartiendo canalizaciones y reflexiones que invitaban a recordar la esencia y ampliar la mirada sobre la experiencia humana.
Con el tiempo, y en sintonía con un momento colectivo de profundos cambios, el proyecto fue creciendo y ampliándose. Vivimos una etapa que nos invita a soltar viejas estructuras, a revisar creencias limitantes y a abrirnos a una vida más consciente, donde la sanación personal y la responsabilidad individual ocupan un lugar central.
De manera natural, ese recorrido fue dando lugar a un espacio más amplio: un ámbito de formación y crecimiento en conjunto, donde el aprendizaje, la experiencia personal y la práctica consciente pudieran integrarse.
Así nace Restaurando Memorias – Escuela de Conciencia, como un espacio formativo que reúne todo el camino recorrido y lo proyecta hacia una dimensión colectiva, acompañando tanto procesos personales como la formación de terapeutas comprometidos con una mirada ética, sensible y profunda.
Como parte del crecimiento natural del proyecto, la escuela continúa hoy bajo el nombre Restaurando Memorias – Escuela de Conciencia, integrando y honrando todo el camino recorrido como Restaurando el Alma.
Nuestro enfoque formativo
La formación que hoy ofrece la Escuela se centra en la Terapia de Regresión como eje principal, comprendida como una herramienta profunda y eficaz para la expansión de la consciencia, la comprensión del recorrido del alma y la sanación de memorias profundas.
Al mismo tiempo, la Escuela sostiene una mirada integral del ser humano, entendiendo que los procesos de transformación se enriquecen cuando distintas herramientas dialogan entre sí.
Por este motivo, Restaurando Memorias concibe la formación como un camino vivo y en evolución, con la intención de integrar progresivamente otras herramientas y enfoques, y de conformar una red de terapeutas conscientes, capaces de acompañar desde la escucha, la presencia y el respeto por la singularidad de cada proceso.
Restaurar memorias no es volver al pasado.
Es recordar quiénes somos, integrar nuestra historia y caminar con mayor consciencia hacia adelante.La Escuela nace para acompañar ese proceso.